Sé que los escuche antes de tener conciencia de ellos, personajes curiosos estos chicos; me ha pasado siempre con infinidad de cosas, no tener mucho conocimiento de los hechos… pero siempre los círculos concéntricos y la casualidad han convertido los acontecimientos en mucho más significativos.
El primer atisbo que recuerdo, como digo, vagamente y con unos cuantos años menos, son los pies sucios de uno de ellos bailando sin sandalias en algún bar de Zaragoza y sé que pensé que no estaría en su sano juicio. Esos encuentros casuales a los que llamamos coincidencias hicieron que los asimilara más tarde, como personas y músicos que son.
La noche del sábado la cita era en el Mar de Dios. Por cuestiones de la vida, confieso que tenía algo olvidada “La postura perfecta”, es cierto, pero no por ello dejaré de reafirmarme en que personalmente no disfrutaré con otro directo de nuestra ciudad como con el de estos chavales. He leído miles de veces su buena técnica, lo contundente y enérgico de su directo caótico; a mí siempre me ha deslumbrado su talento para comunicar, intimista e introspectiva hacen sentirse a una pequeña, trasladada a una especie de trauma placentero. Porque eso es lo que me sobrecoge de la música, su capacidad para crear y provocar sensaciones.
En sus nuevas canciones volví a hallarme en la compleja personalidad de cada uno de ellos, mantenida en un sonido arriesgado, emotivo y convulsivo. Está interpretación provoca el descaro de muchos incapaces de asimilar otra forma de transmitir sentimiento en la música… precisión milimétrica, rabia y humor, no serían picore de otra forma... pero cómo comenté con uno de ellos esa misma noche: el equilibrio es imposible.
Disculpas por la intromisión con estas líneas, mi mensaje personal para los chavales. Comparto corazón.
|